A
veces los liberales escriben artículos -y libros- como si fuesen sólo para
economistas u otras minorías de ciencias afines. En lugar de haber dirigido
su mensaje a un público más amplio, hoy padecen de una violenta reacción
del populismo y las izquierdas, que han terminado por mezclarlos con los
"neo" liberales.
El
“neo” liberalismo es un intento de mezclar al mercado con el estatismo,
como lo proponen Unidad Nacional, Apra y Perú Posible. Todas sus propuestas
se basan en un supuesto falso: "que como el mercado es bueno para la
producción, y el estatismo para la distribución, lo mejor es una combinación”.
Rima absolutamente falsa. Aquí tres simples pero grandes verdades:
La
primera es que el estatismo no es bueno para la distribución. Peró sí para
los de "saco y corbata" a quienes se les beneficia con nuestros
impuestos. Por ejemplo, fueron rescatados de la quiebra grandes bancos como
el Latino en 1999, pero el estatismo no le interesó salvar si quiera a una
micro o pequeña empresa.
La
segunda es que el capitalismo liberal si es bueno para la distribución. Cada
agente económico durante la creación de riqueza recibe jornales, salarios o
sueldos. El empresario capitalista cobra último si es que hay utilidades.
Por eso el capitalismo es bueno para quienes aún son pobres: es su única
oportunidad para dejar de serlo. Por ejemplo, lo que fue una pequeña tienda
en el Óvalo Gutierrez en 1981, se convirtió lo que es hoy en una cadena
conocida de supermercados.
La
última es que todo injerto estatista es muy malo para la producción. Porque
quiebra los lazos entre inversión y utilidades. Y al desalentar los
negocios, los pobres empeoran por que ya no encuentran empleo. Por ejemplo,
cada vez que el Estado crea colegios y universidades, deja sin mercado a las
entidades educativas privadas, que terminan por quebrar y despedir maestros.
El
neoliberalismo sólo es un estatismo de apariencia más “fina”, que se
distingue por su modo de operar. No usan los controles antiguos pero sí
fuertes regulaciones a través de Indecopi, Osinerg, Ositran y Osiptel. No
usan la anticuada planificación del Estado sino la “concertación a través
del diálogo”. No usan la inflación sino los impuestos declarados. No
reducen los gastos del Estado, sino que aumentan sus ingresos.Y no usan
aranceles sino leyes "antidumping". Lo que cambian son ciertos
instrumentos, pero no la esencia.
Por
el contrario, los liberales -o anti estatistas- limitan al Estado sólo a
velar por el orden y la seguridad. En lo económico, proponen mercados libres
y prósperos de competencia abierta sin regulaciones. En lo social, autonomía
de las familias, empresas, iglesias y escuelas privadas para el logro de sus
fines, sin ayuda del Estado. ¿Ahora se da cuenta que no es lo mismo liberal
que "neo" liberal?.©
(*)
Director General de ILE.