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Reflexiones
de un e-learner
José
Enebral Fernández *
5
de mayo de 2006
Llevo diez años aprendiendo on line. Los
cuatro primeros, porque estaba conectado al Business Briefing Service de
Reuters, y luego porque ya funcionaba mejor Internet y dedicaba horas a
buscar información, darle significado, contrastarla, incorporarla a mi
limitado acervo, sintetizarla y difundirla. Siendo consultor de formación
y también colaborador en diferentes medios impresos y electrónicos, tenía
mucho que leer y escribir, y aún lo hago. Aunque también he sido diseñador-guionista
de cursos on line para directivos, más que docente me siento, sobre todo,
un lifelong e-learner con mucho trabajo pendiente. ¿Qué puede añadir un
e-learner a lo ya dicho sobre el e-learning?
Como
es sabido, antes de que se hablara de la Sociedad de la Información, el
aprendizaje por ordenador llegó a las empresas allá en los últimos años
80, aunque entonces se llamaba Enseñanza Asistida por Ordenador (EAO), y
se consideraba la versión auténticamente programada de aquella enseñanza
programada impresa que ya habíamos conocido, aunque utilizado mínimamente.
Recuerdo que me resultaba incómodo saltar, en el papel, de una página a
otra en función de la respuesta que seleccionaba en cada pregunta a que
el texto me conducía. La EAO, encargado ya el PC de dar los saltos automáticamente,
parecía un alivio en aquel ir y venir. Por entonces, en 1986, empecé a
diseñar cursos interactivos en aquellos legendarios floppies,
para personal técnico de grandes empresas; pero yo no era todavía un e-learner.
Empecé
a aprender on line en los 90;
poco a poco transité de un perfil técnico (Telecomunicación) a otro más
humanista, tras leer a Goleman, Senge, Csikszentmihalyi, Drucker, Parikh,
Peters, Covey, De Bono, Belbin, Schein, Handy, Bennis, Seligman,
Blanchard, Cooper, Marina y otros autores, pero sobre todo a través de la
mucha información electrónica que ya se nos ofrecía en el escenario de
la Sociedad de la Información. De modo que me hice un convencido e-learner,
centrados mis esfuerzos en las áreas relacionadas con la efectividad
personal y las denominadas habilidades directivas, aunque también buscaba
información sobre otros temas que igualmente me interesaban.
Debo
decir que, procedente de medios impresos de elevado prestigio, encontraba
información de gran interés en aquel BBS de Reuters, y que en aquellos años
(1996-2000) me familiaricé con nuevos temas que iban apareciendo en el
panorama de las consultoras de formación: la gestión del conocimiento,
la gestión por competencias, el kaizen,
las universidades corporativas, el coaching,
el cultivo de valores, el diagnóstico organizacional, el liderazgo, la
creatividad, el cambio cultural... En algunos casos compraba luego libros
sobre el tema, elaboraba mis síntesis, y escribía algunos párrafos para
revistas, y pronto igualmente para portales de Internet. El contacto con
la mucha información disponible me movió a leer, a aprender y a escribir
de modo continuo, porque me gustaba hacerlo. Pero, como experimentado e-learner,
¿qué puedo decir ahora sobre el acceso a la información disponible en
Internet?
Hay
mucha información disponible
Esta
obviedad es lo primero que se me ocurre, pero resulta inevitable. Se
precisa de un sólido pensamiento crítico para, separando lo más valioso
de lo menos, extraer conocimiento aplicable; pero lo cierto es que se
dispone de mucha información electrónica en el campo en que yo
(consultor) exploro y del que más puedo hablar, y creo que igualmente en
otros. Sigo pensando que quizá lo mejor es leer buenos libros, pero
Internet me sirve para detectar las tendencias, hacer una primera
aproximación a los temas emergentes y, en caso de interés, seleccionar
los libros a leer, si es que no se dispusiera ya de sólidos artículos en
algunos de los portales más conocidos, entre los argentinos, españoles,
colombianos, venezolanos, chilenos, peruanos, etc.
El
crecimiento de la información en Internet es extraordinario: todos los días
aparece nueva de la que a uno pueda interesar, y de la que no tanto. Los
portales a que me refería garantizan un mínimo de calidad y, aunque
algunos autores parecen haberse ganado la confianza de bastante lectores,
podemos encontrar trabajos muy interesantes de autores menos conocidos.
Creo que los directivos y trabajadores interesados en mejorar su perfil
profesional en aspectos de índole personal (people
skills), encuentran información muy valiosa, y que también pueden
seguir las tendencias en lo referido a la gestión empresarial. Con
destreza para buscar, uno encuentra cosas de gran interés y aprende.
Se
precisa buena dosis de pensamiento crítico
Me
gustaría insistir en ello. No es que uno deba recelar o desconfiar de
todo, ni empeñarse en la crítica; se trata sólo de asegurarse del rigor
de cada información antes de traducirla a conocimiento. Esto nos obliga a
seguir buscando aunque tengamos ya algunas posibles respuestas, a indagar,
a contrastar cada información, a filtrarla para separar el núcleo de los
acompañamientos, a hacer a veces el papel de abogado del diablo, a leer
entre líneas, a utilizar la intuición para desvelar intenciones, a
cuestionar deducciones, a afinar en la síntesis.
No
toda la información que manejamos ha de ser traducida a conocimiento
estable y aplicable, pero, si debemos ser cuidadosos con toda ella, hemos
de serlo especialmente con la que vaya a formar parte de nuestro acervo.
Hemos de evitar falsos aprendizajes, porque pueden resultar peores que la
ignorancia. Y hemos de ser siempre conscientes de que las realidades se
nos muestran parciales, nunca completas. Asimismo hemos de serlo de
nuestros posibles prejuicios; de lo importante que es la prudencia al
consolidar opiniones; de la posibilidad de estar nosotros mismos
equivocados...
Déjenme
recordar aquí un texto de The
Delphi Report (1990), de la American Philosophical Association: “El
pensador crítico ideal es habitualmente inquisitivo, bien informado, de
raciocinio confiable, de mente abierta, flexible, evalúa con justicia,
honesto en reconocer sus prejuicios, prudente para emitir juicios,
dispuesto a reconsiderar las cosas, claro con respecto a los problemas,
ordenado en materias complejas, diligente en la búsqueda de información
relevante, razonable en la selección de criterios, enfocado en investigar
y persistente en la búsqueda de resultados que sean tan precisos como el
tema/materia y las circunstancias de la investigación lo permitan”.
Creo que en la era de la información y el conocimiento, el pensamiento crítico
debe acompañarnos en todo momento, para dar solidez y valor a nuestro
posicionamiento cognitivo y emocional ante cada información o situación.
El
aprendizaje es un ejercicio de síntesis
Esto
puede en verdad decirse al margen del e-learning,
pero resulta especialmente relevante cuando hacemos un hábito de esta práctica
autodirigida. Más allá de la memorización, o de mecánicos resúmenes,
el aprendizaje supone una síntesis dispuesta a cubrir un espacio contiguo
de nuestra parcela del saber, ampliando ésta. Al aprender, necesitamos
establecer conexiones con el acervo existente, de modo que los nuevos
conocimientos queden enraizados, atrapados. Esta operación puede requerir
un proceso de asentamiento en que se incuban conclusiones valiosas de cara
a la aplicación. En la incubación pueden surgir nuevas inferencias, e
incluso abstracciones.
La
ampliación de nuestra parcela de saber puede producirse porque el campo
existía y nos vamos adentrando en él, pero también porque nosotros
mismos contribuyamos a aquélla de forma creativa: generando nuevo saber.
Estando, mediante el lifelong
learning, actualizados en nuestro campo profesional, podemos llegar a
innovar sin —por decirlo así— reinventar la rueda o resultar
extravagantes; se trata de una exigencia de la nueva economía del
conocimiento y la innovación. En suma, el aprendizaje autodirigido nos
obliga a ser cuidadosos con las síntesis.
Se
hacen serendipitosos
descubrimientos paralelo
Sí:
descubrimientos casuales y valiosos. Podemos encontrar informaciones que,
aunque no respondan a nuestra búsqueda, puedan ser de gran utilidad en
otro momento, y debemos reconocerlas y guardarlas. Puede ser nuestra
intuición, y no sólo la razón, la que nos advierta del interés de
algo, y debemos buscar con suficiente amplitud de miras y cierta dosis de
autotélica concentración —intención exploradora, atención sostenida,
intuición activada—. Con la misma rapidez con que desestimamos una
información de bajo interés, podemos estimar otras, incluso fuera del
patrón de búsqueda; pero démonos tiempo para juzgar debidamente y
actuar en consecuencia.
Como
experiencia de este tipo, puedo decir que llegué por feliz casualidad a
Mihaly Csikszentmihalyi hace unos diez años, y que, al encontrarme poco
después con sus libros traducidos, pude encajar no pocas piezas de un
viejo puzzle mental: siempre
pensé que podíamos ser, a la vez, más efectivos y más felices en el
desempeño profesional y, como ahora sabemos, este autor ha investigado al
respecto. Pero, en mayor o menor grado, casi resultan cotidianos los
hallazgos interesantes en Internet, al margen de lo que, como usuarios
habituales, vayamos buscando.
Atención
a los cursos on line
Hay
a nuestra disposición efectivamente informaciones estructuradas en forma
de cursos on line, a veces
multimedia, recordando la enseñanza programada a que me había referido,
e incluso presentadas también linealmente, como una especie de libro
electrónico. Al comienzo del siglo, algunas consultoras de formación se
dispusieron a impulsar los cursos on
line como solución ventajosa a la formación continua en las
empresas, aunque pronto se vio que no podía sustituir a la formación en
sala y se postuló el blended
learning.
El
hecho es que el material de e-learning
proporcionado por los proveedores de cursos no ha generado todavía
aprendizajes muy significativos en España, quizá porque se ha descuidado
la calidad de los contenidos. Los proveedores (por ejemplo, el grupo Doxa
y Fycsa, ahora unidos bajo la marca élogos) denunciaban, en 2004, que las
empresas compraban e-learning por precio y no por calidad. Desde luego, un buen curso on
line —con información bien seleccionada, acorde con nuestro
objetivo, y didácticamente formulada— puede ahorrarnos horas de búsqueda
y esfuerzo de aprendizaje, y aun nutrir nuestro afán de aprender; pero
si, por el contrario, estuviéramos ante cursos de baja calidad (técnica
o didáctica) entonces podríamos hacer falsos aprendizajes y acabaríamos
desconfiando del método.
En
estos cursos on line, el exceso
de interactividad, o de aparato gráfico y audiovisual, no sustituye a la
idoneidad de la información ofrecida, que ha de generar, de modo grato
para el usuario, conocimientos o habilidades aplicables tras la mejora del
desempeño profesional. Hay que recordar —pasando del ámbito electrónico
al impreso— que un buen libro no lo es por otra cosa, sino por el
contenido informativo-formativo que nos ofrece. Toda la potencia de las
tecnologías de la información y la comunicación ha de ponerse al
servicio de un aprendizaje efectivo, añadiendo valor y no sólo coste.
Habrá
quien asocie el e-learning únicamente
a los cursos on line, pero lo
cierto es que yo he encontrado en Internet artículos e informes realmente
enriquecedores sobre los temas de mi ámbito, y en cambio los cursos on line a que he accedido me han parecido, en general, modestos en
cuanto al contenido; para ser más concreto, a menudo me ha parecido que
proporcionaban una información estrecha, limitada, parcial, cuestionable,
falta de rigor. Personalmente, no me sorprende que los agentes del sector
(incluida la Fundación Tripartita) denunciaran hace apenas un año que
los aprendizajes no estaban siendo significativos, porque mi propia
experiencia me lleva a pensar lo mismo. Si de verdad las empresas buscan
el aprendizaje y desarrollo de sus personas, los contenidos on
line ofrecidos a sus empleados han de mejorar, en general. Confiemos
en que ya está sucediendo, porque el sector cuenta con buenos
profesionales.
Bienvenidas
las comunidades de aprendizaje
En
esta rápida reflexión sobre mi experiencia, deseo referirme también a
las comunidades de aprendizaje, donde casi siempre encontramos respuestas
a nuestras preguntas. Lejos del aprendizaje en solitario, la Red nos
facilita un aprendizaje “en solidario” con el soporte de foros ad
hoc, cuyos miembros comparten inquietudes y conocimientos. Diríase
que, muy al contrario de lo que tal vez podría haberse pensado, las TIC
favorecen las relaciones interpersonales, incluso entre personas que de
otro modo probablemente no se relacionarían.
Yo
he podido intercambiar impresiones con expertos como el ya citado
Csikszentmihalyi, con Warren Bennis, con Frances Vaughan, con Don
Maruska…, por no citar a los muchos hispanohablantes de diferentes países,
principalmente del mío. La Red parece eliminar barreras de todo tipo, y
facilitar los contactos. A la vez, y quizá por los muchos artículos míos
publicados, recibo numerosos mensajes que no siempre puedo responder de
modo satisfactorio; pasará lo mismo a quienes también, con sus
aportaciones, contribuyan regularmente a la gran cantidad de información
disponible.
Sobre
las plataformas corporativas
Las
universidades, y también las grandes empresas, orquestan típicamente los
servicios de e-learning en plataformas (LMS) de soporte, lo que —campus
virtual— viene a recrear el marco de relaciones de la formación
presencial. Hablando sólo del e-learning
corporativo, el sistema es útil al departamento de formación, que
gestiona-controla así las actividades de aprendizaje de trabajadores y
directivos, y es igualmente útil a los usuarios en la medida en que
encuentren contenidos de interés y servicios valiosos.
Aquí
—en cuanto a plataformas— mi experiencia es más de tutor que de e-learner,
pero sí puedo decir que, en los primeros años, las posibilidades del
campus virtual no se solían aprovechar suficientemente por los usuarios.
Por otra parte, habiendo tanta información disponible fuera de las
plataformas, los contenidos ofrecidos por éstas han de ser realmente
buenos; de otro modo, uno tendería a salirse de la plataforma —y del
control a que se somete a los usuarios— y aprender también libremente,
en medios electrónicos e impresos. Espero que no suene revolucionario,
pero parece llamativo que no se ponga mucho empeño en comprobar la
eficacia del aprendizaje (mejora del desempeño y quizá otros niveles de
Kirkpatrick), aunque sí se mida el tiempo en que el usuario está técnicamente
conectado.
Conclusión
Podemos
ciertamente identificar el denominado e-learning
con el acceso, vía TIC, a la mucha información disponible, ya sea espontánea
o en forma de cursos on line. La
economía del conocimiento nos obliga al aprendizaje permanente y al uso
de las TIC, lo que convierte al knowledge
worker en un lifelong e-learner.
Tener
acceso a mucha información es bueno, pero nos obliga a saber manejarnos
en la cantidad y distinguir bien la calidad. Creo que hemos de desarrollar
importantes competencias informacionales para el aprendizaje, entre las
que he destacado el pensamiento crítico del que hay mucho que decir; pero
hay asimismo otras importantes competencias soft
y hard en esta familia informacional, por cierto tanto de tipo pull
(para la consulta de documentos), como de tipo push
(para su generación).
Pero
termino insistiendo también en la esperanza de que empresas y proveedores
hagan posibles los cursos on line
de calidad, bien entendida ésta como atributo de la información fácilmente
traducible a conocimiento aplicable, y de satisfactorio efecto en los
usuarios. Ésta ha sido una rápida síntesis de mi experiencia de e-learner,
por si fuera de interés y para animar a otros e-learners
a que también compartan su experiencia en la Red.
(*) Consultor. Email:
jenebral1@mi.madritel.es
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