Cayó el Muro de Berlin, pero no Abimael Guzmán  

José Luis Tapia Rocha (*)

7 de noviembre de 2004

Hace 15 años, un 9 de noviembre de 1989, miles de ciudadanos alemanes salieron a las calles a celebrar la caída del Muro de Berlin. Muchos saltaron de alegría al ver caer semejante experimento comunista. Los amantes de la libertad llenos de optimismo e ingenuidad pensábamos que era el comienzo a una nueva era, y que sería el preámbulo de una vida en común que nos conduciría a la paz y prosperidad.

Nunca hubiéramos imaginado, entonces, que el viejo comunismo iría a resucitar, pero esta vez en el Perú. Sendero Luminoso, conocido grupo maoista-marxista-leninista-terrorista ha emergido victorioso en medio de arengas y flashes en su megajuicio a sus cabecillas; Abimael Guzman, Elena Iparraguirre, Martha Huatay, Margie Clavo Peralta, Angelica Salas, y Victor Zavala Cataño gritando “Viva el pueblo comunista del Perú, “Gloria al marxismo, leninismo, maoismo”, etc.

¿A qué hemos vencido?, ¿Al comunismo?. Dice el senderólogo Raúl Gonzáles que los senderistas revolucionarios están enjaulados. Pero hay dos clases que todavia siguen “vivitos”: los que están alzados en armas y requisitoriados, y los que no están requisitoriados. En el terreno militar, otro senderólogo de apellido Tapia (felizmente, no es mi pariente), ha sido vencido, pero no a nivel ideológico. Coincido con él y Gonzales que Sendero se esta articulando en la sociedad, por eso hay que vencerlo donde han tenido más éxito: en el terreno de las ideas. El virus senderista esparcido en las miles de mentes de nuestros compatriotas sigue siendo un poderoso bastión para la lucha armada.

Allí los liberales tenemos un gran trabajo por delante. En vista que los partidos tradicionales tienen rabo de paja para combatir al estatismo que los senderistas denuncian como opresor, “burgués”; los del Partido Liberal, Clase Media, y Partido Liberador deben combatir con la fuerza de la verdad a los virus ideológicos que conducen al comunismo senderista: el eco-indigenismo; la antiglobalización; los partidarios de los “derechos humanos” -y de los niños-, pero también de los animales-; los partidofóbicos y entusiastas de la democracia directa; las ONG izquierdistas. También a los tecnócratas del FMI, BM, UNESCO, FAO, ONU, y el BID; los filósofos “posmodernistas” (especialmente los relativistas); y la parte politizada de ciertos cultos de la “Nueva Era”. Y por último a los populistas, nacionalistas, apristas, militaristas, derechistas, acciopopulistas y cristianos de izquierda. Todos ellos son caminos distintos que conducen lenta o rápidamente a la ideología senderista. Quiérase o no, estamos en el comienzo del “Camino de la Servidumbre” como lo escribió Friedrich Hayek en su libro de 1944.

Si deseamos vencer al senderismo debemos mostrar que la democracia liberal es superior como proyecto político-ideológico. Tenemos que convencer a las bases senderistas que el enemigo no es la democracia sino el estatismo, que es opresor de la mente.

Debemos mostrar que el liberalismo es el único sistema de mentes libres, hombres libres y mercados libres. Es el camino a la prosperidad y la paz. Desde Aristóteles pasando por John Locke, Thomas Jefferson, Ludwig Von Mises y Ayn Rand han glorificado y luchado por la libertad y la mente del individuo. La libertad es libertad de la mente. Es la libertad para acabar con la pobreza, injusticia, y violencia. Es la libertad para vencer a Abimael Guzmán y su banda terrorista Sendero Luminoso.©     

(*) Director General de ILE

 














 
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