Tengo
la percepción que cada día que pasa va aumentando el voto a favor de
Ollanta Humala, siguiéndole Alan García. Si uno viaja en taxi, conversa
con los comerciantes de la calle, o escucha conversaciones políticas,
casi en un 100% dan conocer ese voto oculto que las encuestadores no
logran descifrar.
Si
Fujimori no irrumpe en el escenario actual, la segunda vuelta sería entre
Humala y García, donde el primero sería el claro ganador en un balance
razonado del pasado político del segundo. Entonces, la suerte parece
estar echada a favor de Humala. Y, como nadie puede asegurar que Humala
aplicará efectivamente su plan de gobierno, pues enfrentará
inevitablemente un escenario de alta polarización, ¿qué actitud asumirán
los dirigentes empresariales si fuera un gobierno totalmente distinto del
ofrecido?
Seguramente,
tienen sobradas razones para pensar que en un contexto de alta globalización
no cabe nacionalismos estatistas, porque las inversiones extranjeras se
van del país o porque el tipo de cambio se dispara, pero los
nacionalismos "moderados" conducen inevitablemente - e
inexorablemente como señala Mises- a un estatismo totalitario en que se
pierden libertades esenciales, entre ellas, el de la libertad de empresa
que requieren las empresas para crecer.
Venezuela
es el mejor caso donde el estatismo avanza lento pero seguro, a pesar que
un sector del empresariado y las fuerzas políticas y militares le
asestaron un golpe de estado al presidente Hugo Chávez en abril de 2002.
Y nada menos fue el dirigente empresarial Pedro Carmona quien asumió la
presidencia, pero sólo por dos días. Chávez retomó el poder y desde
ese entonces el pueblo venezolano sigue respaldando el estatismo.
Cuando
líderes empresariales cometen errores de ese tipo, es por falta de
"alertness" político a causa de su exigua formación ideológica,
lo que no les permite discernir claramente que el neoliberalismo de los
noventa es, en esencia, un modelo estatista.
Echar
una mirada a su alrededor y buscar una opción política e ideológica
distinta al neoliberalismo, como es el liberalismo clásico, es una
humilde sugerencia que les puedo hacer para entender mejor el proceso político
actual.
(*)
Director General de ILE